Qué lindas cosas escriben chicosss!!! Pablo...sos realmente un narrador y observador más!! no sólo el músico del grupo!! que hermosa observación sobre las miradas.
Bueno...espero inspirarme...y compartir a full este espacio. Besosssssssssss
Espacio destinado para la libre expresión de los integrantes del grupo de Narración oral "caféBretón".Publicaremos crónicas , pensamientos, comentarios , textos nuestros o ajenos , y todo lo que surja. También fotos , imágenes y más. Somos: Liliana Kotik, Mariela Bergaló, Elsa Somerville, Adriana De Blasis, Silvana Iunti, Hada Riscino, Ricardo Latrónico, Marcelo Bello, Gabriel Gurovich , Pablo D´Elia en la música y contamos con la supervisión artística del profesor Roberto Saiz.
miércoles, 8 de junio de 2011
lunes, 6 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
Mirada
Como tantos otros, ese mediodía estaba apurado. Caminé rápido hacia la esquina.
El semáforo permaneció en rojo durante un tiempo interminable. Mi ansiedad me decía que por Colombres estaban pasando todos los autos.
Con un pie en la vereda y otro en la calle veo que, por fin, la luz cambia y me toca a mí.
Cruzo, casi sin mirar.
En la parada del colectivo un grupo de anónimos espera igual que yo. Todos cogoteando como para que la presa no se escape. Todos, menos alguien. Ella.
Primero me crucé con su mirada asustada y su tez pálida, que me atravesaron. Cobardemente me dí vuelta porque se me hizo de horror aquella cara. Sin embargo era tarde, porque la impresión no iba a desaparecer así nomás.
Despacio, vuelvo la vista y ella, aferrada a la arista de la ochava, con sus ojos implorantes y aterrorizados, sin decir nada, me pide ayuda.
La furia de aquel río era demasiado para su antiguo vigor.
Me acerqué, -¿la ayudo a cruzar?-.
Tomada de mi brazo con una fuerza débil, me confiesa con la voz quebrada por una lágrima lo que para mi era una vida: -yo tuve un hijo así-.
Llegamos al otro lado y la dejo, la dejé ir. Hubiese deseado, anhelé haberla ayudado a cruzar mil esquinas más con tal de saber de ella y de ser yo, con mi fuerza débil, quien se aferrara a su brazo.
No podía pensar más que en eso.
Después supe y me pregunté y lo hago ahora mismo, si los que ya no están se nos presentan inesperadamente en otra mirada, en otra piel o si esos rostros, en cierto momento, nos sirven de consuelo al vacío de la ausencia.
Pablo
El semáforo permaneció en rojo durante un tiempo interminable. Mi ansiedad me decía que por Colombres estaban pasando todos los autos.
Con un pie en la vereda y otro en la calle veo que, por fin, la luz cambia y me toca a mí.
Cruzo, casi sin mirar.
En la parada del colectivo un grupo de anónimos espera igual que yo. Todos cogoteando como para que la presa no se escape. Todos, menos alguien. Ella.
Primero me crucé con su mirada asustada y su tez pálida, que me atravesaron. Cobardemente me dí vuelta porque se me hizo de horror aquella cara. Sin embargo era tarde, porque la impresión no iba a desaparecer así nomás.
Despacio, vuelvo la vista y ella, aferrada a la arista de la ochava, con sus ojos implorantes y aterrorizados, sin decir nada, me pide ayuda.
La furia de aquel río era demasiado para su antiguo vigor.
Me acerqué, -¿la ayudo a cruzar?-.
Tomada de mi brazo con una fuerza débil, me confiesa con la voz quebrada por una lágrima lo que para mi era una vida: -yo tuve un hijo así-.
Llegamos al otro lado y la dejo, la dejé ir. Hubiese deseado, anhelé haberla ayudado a cruzar mil esquinas más con tal de saber de ella y de ser yo, con mi fuerza débil, quien se aferrara a su brazo.
No podía pensar más que en eso.
Después supe y me pregunté y lo hago ahora mismo, si los que ya no están se nos presentan inesperadamente en otra mirada, en otra piel o si esos rostros, en cierto momento, nos sirven de consuelo al vacío de la ausencia.
Pablo
lunes, 30 de mayo de 2011
Para compartir
Tal vez sea tu sonrisa frágil, contenida en un marco de tristeza, la que me obliga cada día a caminar; quizá sean tus enormes ojos negros, curiosos, inquisidores, buscando interpretar una realidad que parece no querer contenerte en los límites de su dignidad, los que agiten mi interior y dejen escapar todas las voces y cantos acumulados para este momento…
Sí, mi canto es para ti, que has perdido el vuelo en libertad y aleteas trémulo para despegar en la oscuridad de los días sin final.
¿Qué designios del destino languidecieron tu niñez?
¿Qué sociedad incontinente, te desplazó a las márgenes para luego culparte por marginal?
Mi canto es para ti, que añoras a la madre ausente, en las habitaciones húmedas y lúgubres…
Para ti, canto y cuento, para iniciar un vuelo desde esta soledad, a la libertad compartida.
Adriana
domingo, 29 de mayo de 2011
LOS SUSPIROS DE MI AMANTE
¡ Por el aire van... los suspiros de mi amante
Por el aire van... Van por el aire !
COMO TODOS LOS DIAS, ME SIENTO EN UN BANCO DE LA PLAZA, CIERRO LOS OJOS Y ME PONGO A ESCUCHAR. LOS RUIDOS SE CONFUNDEN : LOS AUTOS, SUS BOCINAZOS, LA GENTE QUE CAMINA Y HABLA, LOS CHICOS QUE GRITAN , EL LADRIDO DE LOS PERROS, EL TALADRO DE LA CONSTRUCCIÓN DE ENFRENTE.
PERO EN UN INSTANTE, MIS OIDOS SE CIERRAN Y MI MENTE SE ABRE A DISTINTAS SENSACIONES, QUE ME SON DIFICILES DE DESCRIBIR.
Y ES AHÍ DONDE REALMENTE EMPIEZO A ESCUCHAR. SON LOS SONIDOS INCONFUNDIBLES, QUE SE TRANSPORTAN POR EL AIRE, Y QUE NO SON OTRA COSA QUE SUSPIROS, SUSPIROS DE AMANTES; DE AQUELLOS QUE SE QUIEREN, QUE SE BESAN Y QUE SE FUNDEN EN UN SOLO CUERPO. Y ASI TRATO DE OIRLOS, DE SENTIRLOS COMO ACARICIAN MI ALMA.
PERO POR SOBRE TODO TRATO DE SENTIR LOS SUSPIROS DE ¡ MI AMANTE!, PERO , NO, NO LOS ESCUCHO Y ES AHÍ DONDE MI CORAZÓN SE CONGELA Y MI ALMA SE ENTRISTECE, PORQUE SÉ QUE DESDE AQUEL DÍA EN QUE SE FUE YA NO VOLVERÍA A ESCUCHARLO.
PERO NO ME RESIGNO, NO PUEDO DEJAR DE RESIGNARME; POR ESO, TODOS LOS DIAS VOY A ESA PLAZA, A LA MISMA PLAZA Y ME SIENTO EN ESE BANCO, EN EL MISMO BANCO DONDE LA CONOCÍ, DONDE LA VÍ POR PRIMERA VEZ Y DONDE NOS DESPEDIMOS PARA SIEMPRE.
RICHARD
Por el aire van... Van por el aire !
COMO TODOS LOS DIAS, ME SIENTO EN UN BANCO DE LA PLAZA, CIERRO LOS OJOS Y ME PONGO A ESCUCHAR. LOS RUIDOS SE CONFUNDEN : LOS AUTOS, SUS BOCINAZOS, LA GENTE QUE CAMINA Y HABLA, LOS CHICOS QUE GRITAN , EL LADRIDO DE LOS PERROS, EL TALADRO DE LA CONSTRUCCIÓN DE ENFRENTE.
PERO EN UN INSTANTE, MIS OIDOS SE CIERRAN Y MI MENTE SE ABRE A DISTINTAS SENSACIONES, QUE ME SON DIFICILES DE DESCRIBIR.
Y ES AHÍ DONDE REALMENTE EMPIEZO A ESCUCHAR. SON LOS SONIDOS INCONFUNDIBLES, QUE SE TRANSPORTAN POR EL AIRE, Y QUE NO SON OTRA COSA QUE SUSPIROS, SUSPIROS DE AMANTES; DE AQUELLOS QUE SE QUIEREN, QUE SE BESAN Y QUE SE FUNDEN EN UN SOLO CUERPO. Y ASI TRATO DE OIRLOS, DE SENTIRLOS COMO ACARICIAN MI ALMA.
PERO POR SOBRE TODO TRATO DE SENTIR LOS SUSPIROS DE ¡ MI AMANTE!, PERO , NO, NO LOS ESCUCHO Y ES AHÍ DONDE MI CORAZÓN SE CONGELA Y MI ALMA SE ENTRISTECE, PORQUE SÉ QUE DESDE AQUEL DÍA EN QUE SE FUE YA NO VOLVERÍA A ESCUCHARLO.
PERO NO ME RESIGNO, NO PUEDO DEJAR DE RESIGNARME; POR ESO, TODOS LOS DIAS VOY A ESA PLAZA, A LA MISMA PLAZA Y ME SIENTO EN ESE BANCO, EN EL MISMO BANCO DONDE LA CONOCÍ, DONDE LA VÍ POR PRIMERA VEZ Y DONDE NOS DESPEDIMOS PARA SIEMPRE.
RICHARD
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